Lo mismo que existen ferias profesionales de Turismo, inmobiliarias, de tatuadores y para organizarte la boda, el mundo funerario también tiene, en España, a falta de una, dos muestras, Funergal que se celebra anualmente en Galicia y la Funermostra, bienal, con sede en Valencia.
En 2017 tuve la oportunidad de asistir por primera vez a la Funermostra y en esta segunda visita, bastante distanciada en el tiempo, me ha gustado darme cuenta de cómo hemos ido cambiando la manera de pensar en estos 8 años con respecto a la muerte, sobre todo a la hora de enterrarnos, sin casi darnos cuenta, porque en el mundo de los vivos las modas que nos interesan son las que podemos lucir cuando estamos en vertical.
En mi primera visita a la feria el número de arcas (féretros) superaba con creces al de urnas cinerarias y las innovaciones estaban centradas en la originalidad y la calidad de los féretros; en aquella edición el «concept» más llamativo (también los hay en el mundo funerario) fue un féretro construido a imagen y semejanza del estadio de fútbol de tu corazón, con sus gradas y su escudo; y en contraposición la elegancia de Swarovski y sus cristales acompañándote toda la eternidad.

Para este 2025, muchas cosas han cambiado: ahora prima la incineración por encima de las exhumaciones y somos más dados a guardar los restos de los difuntos con nosotros en urnas que no parecen lo que son.
En el siglo XIX existían las «joyas de pelo», tejidas con cabello del difunto, para llevar siempre de recuerdo. Desde hace años existe la opción de transformar en una joya las cenizas de nuestro ser querido, o bien existen colgantes o anillos donde introducir las cenizas. Con los restos de nuestros familiares estamos aún un poco reticentes para hacerlo (tiempo al tiempo, todas las modas vuelven, incluso las de siglos pasados) pero el mundo funerario, adaptándose a las «nuevas familias» en las que las mascotas también son un miembro importante en ellas, nos presenta la opción de guardar también las cenizas de nuestras mascotas en urnas dedicadas y en joyas.

El ego decimonónico a la hora de enterrarnos hizo que la calidad de las maderas usadas para el féretro también fuesen un detalle importante a considerar: desde la «caja de pino» más económica y sencilla hasta la caoba más majestuosa que era talada para abrazar hasta la descomposición nuestros cuerpos inertes.
Afortunadamente, la mentalidad en cuanto al cuidado del Medio Ambiente también ha ido evolucionando en el sector funerario y la innovación en este cuidado nos trae nuevos materiales mucho menos agresivos con la naturaleza, como los féretros de cartón.
Para las mentes más reticentes de primeras puede sonar como «me voy a enterrar en una caja del Ikea», pero nada más lejos. Vistos en persona, algo que no solemos hacer por desgracia y es otro quien suele escoger nuestro féretro en un catálogo, son mucho más bonitos, elegantes, originales y compactos de lo que podemos imaginar.
Aunque la Funermostra está orientada a profesionales, creo que es un lugar que debería visitar el público en general para quitarse muchos tabúes sobre la muerte, más bien sobre lo que pasa después con nuestro cuerpo hasta que nos entierran o nos incineran: desde los diferentes tipos de maquillaje que se usan para dejarnos con mejor cara hasta cómo es un horno crematorio por dentro, algo que debería de ver todo el mundo para desmentir con sus propios ojos todas las leyendas que rodean al momento de la incineración. Me ofrezco para hacer visitas guiadas, que es lo mío. También, y me parece muy importante, se pueden ver las prestaciones y comodidades que nos ofrecen los diferentes tanatorios para organizar nuestra despedida o la de un ser querido, además de conocer la oportunidad de realizar el velatorio en casa, como hacíamos hasta los años 80 del siglo pasado, por si se desea un momento mucho más íntimo.
A la hora de incinerarnos también podemos ser sostenibles, por supuesto, con urnas biodegradables o formando parte del paisaje de un cementerio jardín, como el de Alcalá de Henares en Madrid, donde se puede descansar en una urna en forma de piedra natural que se coloca rodeando, en el caso de este cementerio, un lago. Personalmente me parece un concepto precioso y mucho menos agresivo (e ilegal) que esparcir las cenizas por el campo o en el mar sin ningún control. O como ya he comentado antes, en urnas elegantes que no parecen que lo son.
Pero para aquellos que aún no han perdido ese espíritu del siglo XIX a la hora de enterrarse (y que no sé qué me da que con el ego de las redes sociales cada vez va a ir a más) siguen existiendo féretros de diseño, adaptados a nuestros tiempos, donde además del «corte clásico», la modernidad y la originalidad tienen cabida entre los entierros de los más atrevidos.
Muchos de ellos me los pondría de mesita baja en el salón con un gran almacenamiento en el interior.
Aunque había bastantes modelos muy bonitos, yo me enamoré perdidamente de este nuevo concepto fabricado por la empresa Bianco Bara en Castellón, hechos en cerámica. El dueño, con el que estuve hablando, fue muy amable y divertido contestando a mis preguntas y a la rareza de querer usar sus féretros como mesa de salón. De verdad que las fotos no le hacen justicia a lo bonitos que son en persona. En Portugal, donde en panteones y nichos la separación con el mundo de los vivos es tan solo un cristal, yo creo que triunfarían.
Este artículo no es ninguna colaboración pagada ni publicidad, es pasión por lo mío. Pero si alguna empresa quiere empezar a pagarme, en cash o en especies, para hablar de sus productos, estoy abierta a cambiar la mesa del salón.
Y si lo que te da rollo es pasar la eternidad envuelto en un sudario blanco de seda tradicional y lo tuyo es ser una fashion victim hasta en el más allá, puedes forrar el féretro con las imágenes que más te apetezcan, una playa, el estanque de El Retiro o el escudo de tu equipo favorito. Y si decides incinerarte, también puedes tener la urna a juego con el interior del féretro, que ahora será cenizas.
También tienes la opción de que te firmen el féretro todos los que te querían como si fuera una escayola perpetúa. Este concepto también me pareció muy bonito, el poder acordarte de lo último que le dijiste a la persona que has perdido porque lo has dejado escrito y tus palabras, aunque no pueda oírlas ni leerlas, se fundirán con ella en un recuerdo eterno.

Orientado al mundo funerario profesional en sí, se presentan también novedades que a los ojos del público pueden resultar curiosas: las prestaciones de la nueva gama de carrozas fúnebres (es el nombre profesional de lo que llamamos «coche fúnebre» hoy en día, no hemos vuelto a las tiradas por caballos), o impresoras especiales para las cintas que acompañan a las coronas de pésame, sistemas de reciclaje para las prótesis que no llegan a incinerarse en una cremación e incluso los uniformes para dar a los trabajadores un toque de elegancia sin dejar de ser serios, pero no fúnebres. Sólo las personas que pertenecen a la tribu urbana «siniestros» están obligados a ir siempre de negro.
La Funermostra se complementa con charlas y exposiciones fotográficas, este año dedicadas a la limpieza de los cementerios tras la Dana de octubre de 2024 (impresionantes las fotos) y otra más amable sobre la presencia de los camposantos en el cine.
Os animo de nuevo a que, si concuerda con vuestro espíritu, os acerquéis a conocer este tipo de ferias tan interesantes donde el morbo no tiene cabida y sí la respuesta a muchas preguntas relacionadas con la parte menos espiritual y más terrenal de la muerte.