Mujeres Ilustres: Las dos Marías

 

 

 

“Mira, por ahí vienen las dos Marías”. ¿Os lo han dicho alguna vez? Sobre todo a las mujeres, que somos más de ir enhebradas del brazo de una amiga. ¿Pero sabemos de dónde proviene este particular dicho? Hoy queremos homenajear a dos mujeres, o a una, porque era tal la simbiosis entre estas dos hermanas, que podríamos decir que eran una sola. Eran como el Yin y el Yang; Maruxa (el Yin) falleció en 1980 y Coralia (el Yang) el 30 de enero de 1983. Ese día, el símbolo de armonía se volvió a unir para complementarse allá donde quiera que estén.

Maruxa y Coralia provenían de cuna obrera, de una gran cuna, pues eran 11 hermanos. Corría el año 1925 cuando la Confederación Nacional del Trabajo abre su sede regional en Santiago de Compostela. Uno de los hermanos, Manolo Fandiño Ricart se convierte en su secretario general, y se unen a la causa dos hermanos más; Alfonso y Antonio, que se convierten en militantes activos del movimiento anarquista.

El sentimiento de ánimo y esperanza estaba instalándose en Santiago. Ya por aquellos años las hermanas Fandiño paseaban por la ciudad ataviadas con ropas hechas por ellas mismas: siempre vestían de colores vivos, muy vivos, una tremenda mezcla de tonos brillantes con complementos igualmente llamativos. Los estudiantes de la época, divididos entre republicanos y católicos, ya las apodaban según su conveniencia: para unos eran “Libertad, Igualdad y Fraternidad” mientras que para los otros eran “Fe, Esperanza y Caridad” (no creo que tenga que decir quién las llamaba de una manera o de otra, es evidente). Y diréis, ¿Por qué habla de tres, si eran dos? Al principio, las “Marías” eran tres, pues con Maruxa y Coralia paseaba también su hermana Sara. Sariña era más pequeña, y lamentablemente falleció a temprana edad, dejando el trío en un triste dueto.

A este amargo suceso, se le une otro que cambiaria sus vidas para siempre: El día 18 de julio de 1936, inicio de la Guerra Civil, la represión franquista fue durísima, el odio, los asesinatos, y sobre todo el miedo, fueron diluyendo los sueños revolucionarios de muchas personas.

Como podréis imaginar, en Santiago fueron directos a por la familia Fandiño Ricart. Los hermanos tuvieron suerte y pudieron escapar. Manolo se escondió durante muchos años. Antonio, que por aquel entonces había ido adquiriendo más responsabilidad en la organización, huyó, aunque fue apresado; sufrió la tortura en sus carnes y fue encarcelado durante más de veinte años por los franquistas. Alfonso cogió un barco en el puerto de Muros.

Y aquí es donde comienza la pesadilla de estas dos mujeres; la Policía Social se personó en casa de los Fandiño para “instarlas” a delatar el paradero de sus hermanos. ¿En serio? Tus hermanos consiguen escapar de una muerte segura y ¿Tú vas a delatarles? Como podréis imaginar Maruxa y Coralia no abrieron la boca. ¿Qué les supuso este silencio? Registros de madrugada, vejaciones como dejarlas desnudas en la calle para sufrir la mofa y pitorreo del personal, incluso se dice – aunque no está confirmado- que las llegaron a violar cuando las subían al monte Pedroso de Santiago.

Siguieron sin abrir la boca, pero esta humillación y los malos tratos continuados hicieron mella en ellas; su trabajo de costureras se vio dañado porque los clientes dejaron de llevarle ropa para arreglar, a ojos de todo el mundo “era una familia anarquista” y claro, no iban a identificarse con ellos. Las mujeres de la casa tuvieron que vivir durante décadas bajo la presión de las amenazas, el pelo rapado y el vacío social.

Aunque también hay que decir que hubo personas con corazón. Sus vecinos, los que las conocían de toda la vida, les dejaban pequeñas cantidades de dinero en los comercios para que ellas pudieran ir comprando lo necesario para sobrevivir. A principios de los años 60, un fuerte temporal destrozó el tejado de la casa familiar, y nuevamente los vecinos se organizaron para recaudar algo de dinero; la colecta fue tan impresionante que llegaron a reunir 250.000 pesetas de la época.

Maruxa y Coralia, que pasaron por penurias y humillaciones, habían conseguido hacerse un hueco en el corazón de los compostelanos, siempre juntas, agarraditas del brazo, paseaban por la ciudad sin importarles ya nada, ya lo habían sufrido todo. Aliviaron su locura y dolor a través de los colores de su ropa y piropeando a los estudiantes, eran un grito de libertad dentro de ese aire pesado del régimen.

Pero el círculo perfecto de amor entre hermanas, la amistad y la camaradería se truncó cuando falleció Maruxa. Fue inhumada en el cementerio de Boisaca, tumba número 991 junto a tres de sus hermanos y a su madre. Coralia, coja sin su sostén, se marchó a vivir con una hermana al puerto de A Coruña, pero no se adaptó. Sentía morriña, por su hermana, su ciudad y sus largos paseos diarios. Como Dorothy en el Mago de Oz, siempre preguntaba cual era el camino para volver a casa, y así estuvo hasta que dos años más tarde, un 30 de enero, falleció para por fin reunirse con su compañera de paseos.

No pudo ser, a Coralia la enterraron en la tumba 3196 del mismo cementerio de Boisaca, junto a los restos de su padre. Fue en 2014 cuando el Ateneo de Santiago comienza una iniciativa popular para poder juntar a las dos hermanas y homenajearlas colocando una placa en su memoria.

En la Alameda de Santiago también existe una famosa escultura que representa a las dos Marías. Como no podría ser de otra manera, van juntas del brazo, su ropa de vivos colores e incluso Maruxa está guiñando un ojo de manera pícara para seguir piropeando al estudiante que se cruce con su mirada. Lo que no saben muchos, de la tierra o no, es la historia que se esconde detrás de estas dos mujeres que mostraron su rebeldía a golpe de maquillaje.

 

 

Clara Redondo