¿Dónde está enterrado Edvard Munch?

Está claro que a lo largo de la historia de la pintura las distintas corrientes en las que se encuentra dividida cuenta con sus admiradores y detractores según el gusto de cada uno.

Esa técnica de crear imágenes utilizando pigmentos de color sobre una superficie ya sea, papel, tela, madera, pared, etc, nos cuenta una historia sobre las distintas culturas que se han ido sucediendo a lo largo del tiempo haciendo que en la actualidad tengamos la inmensa suerte de contemplarlas.

Nuestro protagonista de hoy se definió así mismo como un “diseccionador de almas” del mismo modo que Leonardo da Vinci diseccionaba cuerpos. A través de sus cuadros plasmó todo lo relacionado con los sentimientos y las tragedias humanas; la soledad, la angustia, la muerte, el erotismo y el amor entre otros.

Hoy conoceremos a Edvard Munch, considerado el precursor del expresionismo, prolífico en su vida y que tuvo la suerte de ser reconocido mientras vivía, llegando a ser el mejor pintor noruego de todos los tiempos.

Munch nace un 12 de diciembre de 1863 en Løten, Noruega. Desde bien temprano la vida parece tenerle preparado algunos reveses, el primero de ellos fue el fallecimiento de su madre y su hermana a causa de tuberculosis. Edvard se queda solo con un padre obsesionado por la religión. Debido a esto, el incipiente pintor desarrolla una personalidad conflictiva y desequilibrada, años después él lo consideraría las bases de su genio como artista.

Se matricula en la Escuela Técnica de Arquitectura en 1880, pero no encontró la vocación en los estudios y los abandona para comenzar su carrera artística. Por entonces ya había comenzado a pintar algunos cuadros y en 1881 vende dos de ellos. Para mejorar su técnica el pintor naturalista noruego Christian Krohg le acoge como alumno y le ayuda a mejorar en sus trabajos.

Cuatro años más tarde comienza una serie de viajes a París; en la ciudad de los artistas por excelencia conoce los movimientos pictóricos más avanzados y se enamora del arte de Gauguin y Toulouse-Lautrec. De estas inspiraciones creó su estilo especialmente personal, como plasma en su obra La niña enferma, en la que claramente evoca su duelo personal por la muerte de su hermana y que causó un gran escándalo en la Exposición de Otoño de Oslo en el año 1886.

Pintor simbolista e influenciado por las corrientes impresionistas, postimpresionista y del neoimpresionismo, sus obras comienzan a ser muy valoradas y en 1890 recibe una beca estatal para desarrollar diversos proyectos. Dos años más tarde termina instalado en Alemania, viviría en Berlín durante algunos años. Allí realizó exposiciones de distinta índole, aunque en Berlín tuvo que ser retirada por el escándalo que suscitaron sus cuadros. Como consecuencia se crea la Secesión Berlinesa, asociación de artistas dirigida por el gobierno conservador de Berlín. Un año más tarde Edvard Munch pintaría la que es su obra más famosa y que a día de hoy se considera un icono cultural: El grito.

El estado anímico del artista por aquel entonces era muy frágil, la muerte de su madre y sobre todo de su hermana le había causado un trauma que desembocó en un trastorno bipolar. Él mismo así lo refleja en sus diarios en la época en la que pintó su cuadro más famoso.

Paseaba por un sendero con dos amigos —el sol se puso— de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio —sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad— mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza…

 

Los demonios y temores de su infancia llenaron la gran mayoría de sus obras. Sin embargo, la acogida de la gente fue magnífica y Edvard continúo realizando exposiciones: Berlín, Praga, Hamburgo y Copenhague fueron algunas de las ciudades que acogieron las grandes obras del pintor noruego, logrando que alcanzara el cénit en su carrera como artista.

Sin embargo la salud de Edvard comenzó a resentirse y pasa largos períodos ingresado en sanatorios curándose de enfermedades como el alcoholismo o colapsos nerviosos. El tiempo que pasaba fuera de ellos se dedicaba a realizar exposiciones visitando las más importantes ciudades europeas, y en todas ellas era recibido con todos los honores.

Honores que continuó recibiendo en 1918 cuando publica un panfleto del Friso de la vida en el que incluye sus obras maestras. Pese a su reconocimiento Edvard pasó un tremendo bache como pintor. El gobierno nacionalsocialista confisca 82 cuadros de distintos museos alemanes por considerarlos “degenerados” por su temática. 1940 no fue un año mejor, el régimen Nazi invade Noruega y retiran muchas de sus obras por escandalosas, ninguno de los invasores tuvieron contacto directo con el pintor, pues le consideraban un demente.

A pesar de ello, al otro lado del charco sí supieron reconocer sus obras y el genio de este pintor y se hace mundialmente conocido gracias a la primera exposición que realiza en 1942 en la ciudad de Nueva York. Por este empujón a su carrera Munch volvió a recibir homenajes como el que le hicieron por motivo de su 80 cumpleaños, homenajes a los que él acudía solícito a pesar de que su salud ya se encontraba muy deteriorada.

Tan deteriorada estaba que al mes siguiente, un 23 de enero de 1944 Edvard Munch, el artista que revoluciono con su arte y con su peculiar manera de ver los sentimientos cotidianos de la vida fallece en su casa de Skøyen, un barrio situado a la afueras de Oslo.

El artista es enterrado en el Cemetery of Our Saviour en Oslo y sus obras fueron donadas a la ciudad, que posteriormente y con motivo del centenario de su nacimiento, inaugura el Munch-Museet donde actualmente se pueden contemplar muchas de sus obras.

 

Clara Redondo