Mujeres Ilustres: Duquesa de Santoña

 

 

Reconozco que no conocía su historia, si, y lo hago con vergüenza, pues hasta que no acudimos a una de las maravillosas rutas guiadas que tiene la Sacramental de San Isidro y Ainara nos transportó con las historias de sus moradores, no tenía ni idea de quién era la Duquesa de Santoña. Y lo peor (o lo mejor) es que tengo que agradecerle que cuando era niña no me quedara sorda, ahí es nada.

Por eso, aquí va mi humilde agradecimiento (y el todas las del equipo), a una mujer cuyo final no fue el que se hubiera merecido. Quizás por generosa, quizás por la envidia de las personas que tenía alrededor, el caso es que, Mª del Carmen Hernández y Espinosa de los Monteros, saboreó las mieles de la abundancia, pero igual que llegó a lo más alto, cayó en la más profundas de las miserias. Conozcámosla un poco más.

Motrileña de nacimiento, su infancia y adolescencia no fue fácil, huérfana de madre a temprana edad, y con su padre tenía una difícil relación debido al carácter tiránico de éste. Por ello, Mª del Carmen vio un rayo de esperanza cuando conoció en Motril a José de Heredia, un apuesto capitán de caballería del que se enamora. Poco le importó que el capitán tuviera dieciséis años más que ella, la situación en la casa familiar era insostenible y el hecho de que ambos estuvieran enamorados aceleró el proceso de cortejo, para terminar dándose el sí quiero un 26 de febrero de 1846.

Tras una serie de traslados, el capitán decide pasar a la reserva activa y el matrimonio, con el único hijo que tuvieron en común, se instalan en Madrid. El matrimonio tuvo poco tiempo para acostumbrarse a la vida en la ciudad, José de Heredia fallece víctima de un cáncer de lengua con sesenta años.

Como viuda de un oficial que luchó junto a O`Donnel, Mª del Carmen fue invitada a un acto social creado por el Partido Liberal. Y allí el destino quiso que estuviera Juan Manuel de Manzanedo y González de la Teja, hombre de origen humilde pero venido a más por la riqueza que amasó en Cuba. Gentilhombre de Su Majestad y nombrado recientemente duque de Santoña, Juan Manuel era viudo y cuando conoció en esa fiesta a Mª del Carmen se sintió atraído por ella.

Caro le iba a salir el cortejo al señor duque, Mª del Carmen era luchadora y arriesgada, si, pero también después de convertirse en viuda se había convertido en una mujer algo ambiciosa. Por ello pidió como regalo de bodas el Palacio de los Goyeneche, sito entre las calles Príncipe y Huertas de Madrid. Dicho y hecho, satisfecho el deseo de la novia, ambos nuevamente vuelven a contraer matrimonio un 18 de diciembre de 1873.

Desde entonces la vida de la señora duquesa transcurre entre obras de altruismo, mecenazgos y al cuidado de sus tres nietas, huérfanas del hijo que tuvo en común con el apuesto capitán. Pero la duquesa de Santoña también era una mujer emprendedora y ambiciosa. Suya es la empresa azucarera “Las Tres Hermanas”, siendo la primera destilería de alcohol de la zona costera. El nombre lo eligió en honor de sus tres nietas. Como buena granadina, conocía los beneficios del agua de Lanjarón y compró el balneario haciendo ampliaciones para instalar baños termales. Al poco tiempo se había convertido en uno de los destinos turístico-sanitarios más importantes de España, tanto, que fue reconocido con la Medalla de Oro de París.

Pero sin duda su mayor obra fue la fundación del Hospital Infantil del Niño Jesús de Madrid. Los comienzos no fueron fáciles, la duquesa de Santoña se puso en contacto con uno de los primeros médicos que sólo atendía a niños (comenzaba la especialización en pediatría). Fue la propia Mª del Carmen la que costeó todo el proyecto, y tras una Real Orden que la autorizaba a fundar y mantener la Asociación Nacional para la Fundación y Sostenimiento de Hospitales de Niños en España, el primer hospital abrió sus puertas en 1877 situado al principio en una casa de la calle Laurel 23. Allí atendían las enfermedades de los niños convirtiéndose en un referente en toda España. De hecho, a día de hoy así sigue siendo.

Aunque disponía de posibles necesitaba sufragar los gastos que acarreaba el Hospital. Por ello ideó un sorteo, debía coincidir con el día previo al día de Reyes, ese el día donde los niños tienen más ilusión y Mª del Carmen pensó que así tocaría el corazón de la gente. Así pues creo la Lotería del Niño, (si, si, esa cuyo sorteo es hoy mismo y que todo aquel portador de un décimo se dice por dentro durante todo el sortero, que me toque, que me toque).

Pero la vida le volvió a dar un revés, si ella era una mujer generosa y altruista en muchos aspectos, los avatares vividos parecían ir en contra de ella. En 1882 fallece el duque de Santoña, y a nuestra protagonista no le da tiempo casi ni empezar el luto. Aparece en escena una hija del duque, Josefa Manzanedo que fue fruto de una relación antes de casarse con Mª del Carmen. Josefa se declara hija legítima del duque y reclama la herencia. Esto no se lo esperaba la duquesa y ambas se sumergen en un tedioso y largo litigio de diez años. La demora en el tiempo, la mala gestión de los abogados de Mª del Carmen y no llegar a un acuerdo con Josefa hace que el fallo sea favorable a la hija.

Perdió todo, absolutamente todo, el dinero, el palacio y lo peor, los que antes la solicitaban raudos ante cualquier problema le dieron la espalda. De repente ya nadie se acordaba de la duquesa de Santoña, esposa de un Grande de España.

Sólo hubo una persona que le ayudó, un antiguo criado suyo que en un gesto de grandiosa generosidad, la acogió. Para sobrevivir y poder intentar mantener a sus tres nietas comenzó a pedir por la calles de Madrid. Sí, esa gran mujer que se preocupó por la salud de los más pequeños y que hizo que a día de hoy muchos niños sean salvados de graves enfermedades estaba en la más absoluta miseria.

Su corazón no pudo más, y un 14 de octubre de 1894 le sobrevino la muerte. Estaba en su domicilio, un humilde y frio piso de la Calle Olózaga de Madrid. No tuvo un gran sepelio que era lo que la correspondía, no, nuestra señora duquesa descansa en un humilde nicho del Cementerio de San Isidro de Madrid.

 

 

Clara Redondo