Mina Alix

El verdadero nombre de Mina Alix era Florence Exton. Hija de Miss Exton, una importante actriz inglesa de la época, y nacida en Nueva York, Mina se dedicó desde muy niña al teatro, llegando a ser tiple en una compañía de ópera inglesa.

Con apenas 18 años, se le presenta la oportunidad de trabajar en el circo con un número nunca antes visto, “The hooping the hoop”, que se presentaba así en los periódicos:

Periódico La Dinastía, Barcelona, 20-01-1094

 

Cuando llegó a España con él, tan solo llevaba dos años realizando su experimento por Europa, con gran éxito: Por cada función que realizaron en París, Londres, Charleroi, Lieja, Amsterdam, Leipzig y Lille, su mecánico, Mr Payeur, y ella, cobraban 5.000 francos. Además, con ellos siempre viajaba también el inventor/ingeniero de la máquina.

En Enero de 1904 su espectáculo llega a España, y realiza 32 funciones en Barcelona antes de desplazarse a Madrid, donde haría su número en el teatro Price.

La Época, Madrid, 15-01-1904

Sus actuaciones causaban sensación. Agotaba rápidamente las entradas. Todos querían ver a esa joven muchacha coger el coche y hacer un loop a más de 360 km/h (según contaban los exaltados periodistas de la época) del cual salía “por una compuerta abierta con precisión matemática”.

Pese a la expectación que causaba entre las masas, también tenía sus detractores, claro. Algunos periodistas pensaban que era demasiado joven para estar haciendo ese arriesgado espectáculo, además de tener en cuenta que muchos de los asistentes iban para ver si el desenlace del número acababa en accidente y no en fortuna como había sido hasta el momento.

Mina Alix

El 23 de Enero, Antonio Zozaya, escribe esta columna de opinión en el periódico El Liberal:

¿Fue piedad? fue sensiblería? Ello es que al ver descender su automóvil a Mina Alix para precipitarse en el rizo sentí profunda compasión. Parece una niña; y acaso lo es. No representa tener más de quince años. Sonríe, saluda con gracia encantadora, se muevo con desenvoltura y ligereza dentro do su ligero guardapolvo; pero no se necesita ser muy perspicaz para leer en sus ojos hundidos, en sus facciones desencajadas, en la lividez mate de su semblante, en la titilación de sus parpados y en la tensión de sus mandíbulas, el terror. Sí. Esa niña tiene miedo; terror pánico, invencible, al abismo abierto a sus pies, al aplastamiento feroz que llegará irremisible un día, entre el clamoreo aturdido de una multitud, quo se agolpará para ver sus encajes sangrientos. Tiene miedo a la imprevisión de sus ayudantes, a la contingencia inesperada y posible, a la llegada de la Intrusa, no callada y cautelosa, como en el drama de Maeterlink, sino estridente, a la luz de los focos voltaicos, acompañada de los acordes de la orquesta, del crujimiento del maderamen y del grito de horror de la muchedumbre

¿Quién la obliga a subir? ¿Nadie? En la cara lleva impresa la sumisión resignada y la obediencia. Ella dirá que expone la vida por gusto, por amor al arte – el arte de recorrer los rieles cabeza abajo- por afán de escuchar aplausos y ¿quién sabe si por ganar dinero?. Se engaña a si misma. Trabaja por falta de energía para rebelarse contra su suerte y sus superiores que la mandan subir y precipitarse. Ese es su destino: sube y se precipita.

La nueva generación reniega de toda propensión a la ternura. Hay que ser duro. ¿Qué se estrella una niña? Que se estrelle. En la vida triunfa el más fuerte. Todo esto sin perjuicio de reconocer que llevamos dentro un fraile.

Tenemos una ley (la del 78) de protección a los niños de los gimnastas. Pero no se cumple. Además, miss Alix ha cumplido acaso los 16 años. Es libre. ¡Qué sarcasmo! Libre de dejar su vida a merced del primero que llega 

[…] Mientras el aparato queda instalado, el público se entretiene mirando el odioso telón de anuncios, que nos recuerda el mercantilismo allí donde solo debiera imperar el arte. […]

[…] Pero el humo de los cigarros, los gritos destemplados de los mozalbetes que venden periódicos y bombones, los clamores de las galerías, demuestran qye nadie se cuida de imponer la compostura y orden en un sitio donde se congregan gentes que merecen mayor respeto. De pronto, el silencio se hace por sí solo y aparece la niña en el tablado. Todos respiran satisfechos. ¿será esta noche cuando se matará? […]

[…] Suena una voz áspera y luego el grito desafinado de la sirena. Comienza el descenso. Penetra el vehículo dentro del círculo, da la vuelta y sale por fin. Un murmullo, un aliento gigante se escapa por fin de todos los pechos. No se ha estrellado la infeliz.

Allí está, sonriente, ahora verdaderamente regocijada. Experimenta la dicha de vivir; hasta mañana, en que volverá a desafiar a la muerte; lo mandan su infortunio y la persona que la tiene bajo su guarda.

¡Qué hemos de hacerle! Se nace titiritero como se nace duque o Delfín. Fuera esa niña favorita de la riqueza o de la suerte, tuviera los fondos en Londres, y de seguro no tendría que andar, al menos por ahora, cabeza abajo.

(El Liberal, 23-01-1904)

El señor Zozaya fue bastante agorero. El día 24 de Enero (en 1904) era fiesta nacional no hubo periódico. Además, Mina Alix realizaba su última función en el teatro, como anunciaba el periódico del día anterior:

 

Pero todos los diarios del día 25, se hicieron eco de la noticia: Miss Mina Alix había sufrido un terrible accidente.

 

El Correo Español, 25-01-1904

Mientras realizaba su número, en lo más alto del rizo, su coche se frenó en seco, haciendo que ella cayera al vacío y el coche encima.

El público se quedó acongojado, no sabía que hacer. ¡Se ha matado! Era lo único que repetían los allí congregados y conmocionados.

Rápidamente la trasladaron a la casa de socorro de Buenavista, donde examinada la gravedad de sus heridas, deciden trasladarla al hospital de la Princesa.

Su estado es bastante grave, tiene el cráneo roto por varias partes y 20 de las horquillas que llevaba su peinado, incrustadas en él. Aún así los médicos se muestran optimistas ante su recuperación.

Convaleciente, recibe varias visitas en el hospital al día siguiente, entre ellas la del Príncipe de Baviera. Ella recibe a todos con una sonrisa y una bolsa de hielo en la cabeza, colocada ahí como prevención a la inflamación de la meninge.

Mientras, el mecánico y novio de Mina, Amil Payeur, es detenido para que explique en el juzgado qué ha podido fallar. Hubo varios motivos expuestos: la palanca no se abrió en el momento, mala instalación del loop y la que parece ser la más lógica: el día anterior una de las maderas de la atracción se había roto y fue sustituida. Todo el rizo estaba fabricado en madera de pino, más flexible, pero el tablón fue sustituido por uno de haya, algo menos maleable. Probablemente esto hizo que el coche tropezara con algo que lo frenara en seco y se precipitara.

Mina Alix luchó por su vida durante varios días en el hospital. Su evolución fue seguida a diario por los periódicos. Todo Madrid estaba pendiente del estado de salud de Mina. Sufrió un par de operaciones que alargaron un poco más agonía, pero debido a la tremenda gravedad de sus heridas falleció el 18 de Febrero de 1904 a las tres y media de la tarde.

Su muerte conmocionó a todo el mundo, en especial a los madrileños. Se preparó una capilla ardiente en el hospital para velarla y para que sus seguidores pudieran despedirse de ella.

A su entierro asistieron su representante y Mr Payeur, desolados; también los cónsules de Inglaterra y Estados Unidos, así como innumerables artistas de los teatros de la ciudad, en especial del Price.

Su cadáver fue conducido en una carroza negra y oro tirada por cuatro caballos desde el hospital de La Princesa hasta en Cementerio Británico. Antes de tapar la caja, su cuerpo fue cubierto de flores.

Y desde entonces allí descansa Mina Alix, en una tumba sin identificar de las que quedan en este cementerio. (La foto que acompaña este post es una de esas tumbas, podría ser la suya, o no.)

Paloma Contreras