Mis dolientes favoritas

Las dolientes son esas mujeres de piedra que suelen estar abrazadas a una sepultura o sentadas sobre ellas en actitud penosa. Representan el dolor y la tristeza, la amargura y la soledad; llenan, con su presencia, el vacío que deja la persona a la que acompañan en la tumba.

Cabizbajas, sus miradas se pierden hacia el suelo o mirando al infinito. Están allí sin estar. Son una verdadera representación de lo que siente uno cuando un ser querido fallece. Y ellas son las elegidas para acompañarle en la eternidad y que nosotros las acompañemos en su dolor.

Porque es difícil no hacerlo. Cuando me encuentro con alguna, siempre, siempre, instintivamente, le doy el pésame. Para mi son las únicas estatuas del cementerio que están allí de verdad. En ellas hay una presencia. No estoy hablando de fantasmas ni chorradas por el estilo, sino de que esas estatuas, que siempre representan personas reales (una madre, esposa, hermana) han sido creadas única y exclusivamente para acompañar a una persona. No son ángeles, que no son seres reales, son personas representadas eternamente sintiendo el dolor por el fallecimiento de un ser querido. Amor eterno en piedra.

Así que me gustaría hacerle este personal homenaje a estas mujeres que me han ido llamando la atención de una manera especial en mis paseos por los cementerios, en este caso, casi todos extranjeros. 

Cementerio de Kerepesi, Budapest

Me impresionó por su belleza. Me atrevería a decir que fue de las primeras dolientes que vi. Me llamó la atención los colores tan vivos que tiene pese a que son oscuros, y el contraste de las flores rojas. Recuerdo que la miraba en silencio, un poco apartada, porque no quería molestarla.

Cementerio de Montmartre, París

Los cementerios de París están llenos de obras de arte y es difícil quedarse con una sola. Pero esa chica doliente de la tumba del pintor Gustave Guillaumet me fascinó. Guillaumet es conocido por sus pinturas relacionadas con el norte de África (el cuadro El Desierto es una maravilla) y así consta más allá de su muerte: una muchacha joven de Bou Saada (Argelia) esculpida por Louis-Ernest Barrias guarda, con el rictus entre seria y disgustada, la tumba de Guillaumet. De ella me gusta especialmente la postura: está apoyada en la sepultura, sentada de verdad, cómodamente, está ahí para quedarse. Tiene postura de adolescente, y me encanta que esa postura sea atemporal, que represente igual la postura de una chica argelina del siglo XIX que la de una muchacha del siglo XXI apoyada en un árbol.

Cementerio de Pere Lachaise, Paris

Esta es mi doliente favorita porque para mi tiene una preciosa historia detrás. Para mi es una doliente mágica. Ya no solo por la estatua en sí, que me fascina, sino porque al investigar su historia me di cuenta de que es la primera doliente del Más Allá que he visto. Normalmente, las personas representadas suelen ser mujeres vivas (madres, hijas, esposas, hermanas) que sienten la pérdida de un ser fallecido. En este caso, la mujer de François Raspail falleció unos años antes que él, por eso su estatua está representada con el sudario sobre la cabeza. Me gusta el detalle de la mano asomándose al interior de la pequeña ventana, ese sutil “estoy aquí, no temas” que representa.

Cementerio de Rakovicki, Cracovia

De ella pongo la sucesión de fotos porque me enamoré desde lejos. Me llamó. Me encanta la cara que tiene. Se ve que es muy jovencita, igual tiene la misma edad que la de Guillaumet, pero su postura y su cara son tan diferentes… En cualquier caso, me fascina el realismo de ambas. Y esta escultura en especial me gusta porque dependiendo de lo cerca que esté o el ángulo, su cara me dicen una u otra cosa, que pasa por un “qué hago yo aquí” a “estoy aquí porque quiero” que me gusta mucho porque me provoca desasosiego o paz, no sé si quiero liberarla o sentarme con ella en silencio y cogerla de la mano.

Cementerio de Florencia

¿Alguna vez habéis sentido la necesidad de abrazar una estatua para consolarla? Yo sí. A ella. 

Cementerio Prado do Repouso, Oporto

Dentro de este  cementerio quiero destacar esta preciosa doliente creada para ser vista desde lejos, como muestran sus proporciones. Me encanta el desasosiego y la tristeza que pueden transmitir unos pies colgando de la barandilla.

Cementerio británico de Florencia

Aunque lo normal es escontrar mujeres jóvenes en las representaciones de las dolientes (por la época, tipos de matrimonio, esperanza de vida, etc) también hay mujeres mayores, madres, esposas o viudas que sufren la pérdida de su ser querido. Y esta doliente es tan preciosa, que solo necesita marcarlos unas ligeras patas de gallo en la piedra para intuir su edad. Fascinante.

Cementerio de Civitaveccia

Siguiendo con las dolientes mayores, en esta sí están destacados los signos de la vejez claramente. La tumba en sí es impresionante, pero me gustó su postura, entre triste e impaciente.  

Cementerio de La Almudena, Madrid

No por ser la última es menos importante. Nuestra querida doliente tiene nombre y apellido: se llamaba Pilar Rubio. Posó para Benlliure como doliente para la tumba de su marido. El detalle de la alianza es una de las partes más bellas y melancólicas de esta pieza.

 

Paloma Contreras