Grandes funerales: JFK

 

John Fitzgerald Kennedy nació en Brookline el 29 de mayo de 1917. En 1960 se convirtió en el presidente más joven de los Estados Unidos. Es uno de los políticos más recordados de la segunda mitad del siglo XX. Impulsó una política de reformas destinadas a recuperar para su país la primacía mundial. Pero sus proyectos quedaron incompletos tras ser asesinado tres años más tarde. En este año 2017 se cumplen 54 años de su muerte.

 

El 22 de noviembre de 1963 John Fitzgerald Kennedy se encontraba de gira política en Dallas, promoviendo su reelección para 1964, cuando poco después de su llegada y de dar el que fuera su último discurso, fue asesinado por dos disparos.

Se encaminaba hacia el centro de Dallas en un coche descapotable, acompañado por un agente-conductor como chófer y otro agente de seguridad. Tras ellos se encontraba el gobernador Connally, y en los asientos traseros, John Kennedy a la derecha y su esposa Jacqueline Kennedy a su izquierda. Durante el camino, la comitiva hacia breves paradas para que pudiesen saludar a las masas.

Tras pasar un almacén de libros escolares se realizan los disparos que acabarían con la vida del presidente. Gracias a un árbol, el primer disparo es desviado y rebota en el cemento de la calzada. A los 3 segundos llega el segundo disparo que impacta sobre la espalda del presidente y que atraviesa su cuerpo hasta salir por su garganta. Automáticamente John Kennedy se lleva las manos a la garganta mientras su esposa lo observa asombrada. Llega el momento del que sería el último disparo. Éste último impacta sobre el hueso occipital de la cabeza del presidente. Jacqueline Kennedy suelta a su esposo y se abalanza a horcajadas a la parte trasera del coche, donde recoge una sección del cráneo de su marido. El presidente es trasladado a Parkldand Hospital, donde declaran oficialmente su muerte a las 13:38h. Nunca tuvieron esperanza de salvar su vida.

El funeral tuvo lugar durante los tres días siguientes. Tras la declaración de su muerte por los servicios sanitarios de Dallas, es trasladado a Washington D.C. y puesto en el Cuarto Este de la Casa Blanca durante 24 horas. Philip C.Wehle junto con los oficiales del Distrito Militar de Washington organizaron el funeral. El lunes siguiente del asesinato fue declarado Día Nacional de Luto, solo trabajarían personas en cargos de urgencia.

El cuerpo sin vida del presidente permaneció presente en la rotonda del Capitolio, donde aproximadamente 800.000 estadounidenses fueron revestimiento de la calle para su entierro. John Kennedy fue vestido con su traje azul favorito, camisa blanca y corbata azul. El féretro permaneció cerrado por decisión de su familia. Jacqueline Kennedy vestía de negó y su rostro fue cubierto por un velo de luto. Sus hijos la acompañaban agarrados a sus manos.

La hija mayor, Caroline, y Jacqueline se aproximaron al féretro, se inclinaron y dieron un último beso de despedida. El hijo pequeño del matrimonio era conocido como John-John. Era su tercer cumpleaños y el entierro de su padre. Se despidió de él con el saludo presidencial, llevándose la mano derecha a la frente y sacándola hacia fuera.

Los restos del presidente fueron colocados en una Cassion tirado por caballos. La Primera Dama, junto a los miembros de su familia y líderes mundiales, abandonaron sus limusinas para ir a pié hasta San Mateo. Black Jack, un caballo de 16 años sin jinete, se marchó cabalgando con una espada colgada de su silla vacía y unos estribos con unas botas señalando hacia atrás. Llegaron a la iglesia al medio día, donde el cardenal Richard Cushing dirigía la ceremonia.

El paseo de caballos hasta el cementerio estuvo escoltado por el cuerpo militar. El silencio era interrumpido por el clac constante de los cascos y el lento chirrido de las ruedas Cassion. La tumba fue excavada el día anterior por un veterano de la Segunda Guerra Mundial. Una vez en la tumba del Cementerio Nacional de Arlington, Jacqueline camina entre sus cuñados Bobby y Teddy.

El homenaje por parte del cuerpo militar fue espectacular: Una escuadra de 50 aviones de combate volaba sobre el cementerio en formación de V, el último avión se ausenta en homenaje al presidente; la Fuerza Aérea Uno siguió con su piloto sumergiendo sus alas en el cielo y una salva de 21 disparos precedió los sonidos melancólicos de una corneta antes de que el féretro fuese bajando.

La bandera que tapaba el féretro fue entregada a la Primera Dama por el sargento Keith Clark. A las 3.32 John Kennedy fue sepultado cuando su familia ya se había marchado. Esa noche, Jacqueline retira unos lirios de un florero y se encamina al cementerio acompañado por RFK y dos agentes del Servicio Secreto. Un adiós necesario, íntimo, sin masas que los rodeasen.

 

Yolanda Molano