¿Dónde está enterrado Oscar Wilde?

 

 

Londres finales del siglo XIX. En esta época victoriana tardía se fraguó la carrera de uno de los más importantes dramaturgos, hombre de agudizado ingenio, inteligente, acorralado socialmente por amar libremente. No necesita presentaciones, quien se haya sumergido por alguno de los legados que nos dejó sabrá que hablamos de Oscar Wilde.

Fue el segundo de los tres hijos que tuvieron el cirujano William Wills-Wilde y la escritora Joana Elgee. Gracias a la posición holgada de su familia, Oscar pudo llevar una infancia tranquila y dedicada a sus estudios. También influyó que desde su niñez demostró tener una inteligencia notable y un don para las lenguas extranjeras, así que con diez años ingresa en la Portona Royal School, donde realiza sus estudios durante siete años. A partir de ahí, todos son éxitos académicos, que le llevan a especializarse en los grandes pensadores de la Grecia e Italia clásica, además de recibir prestigiosos premios por su brillantez académica.

Terminados sus estudios vuelve a Dublín donde conoce y se enamora de Florence Balcombe. Oscar le desvela sus sentimientos, pero Florence ya había iniciado una relación con Bram Stoker y parecía dispuesta a continuar con ella. Nuestro Wilde aquejado de mal de amores, le dijo que abandonaba el país, pensando que esto enternecería a Florence y anularía su compromiso con Stoker. Nada más lejos de la realidad, Florence terminó casándose y Oscar Wilde abandonaría Dublín para sólo regresas dos veces en su vida.

Después de esta ruptura sentimental, se traslada a Londres para vivir con su amigo Frank Miles, y en 1881 publica su primer libro con el nombre de Poemas. El texto fue extraordinariamente bien recibido por el público, teniendo que realizar cuatro ediciones más que fueron vendidas en pocas semanas. Comenzaba a germinar la semilla de tanto esfuerzo.

Ya con cierto renombre entre la sociedad londinense, Oscar se embarca hacia Estados Unidos para comenzar un periplo que le llevaría a dar conferencias por todo el país. Lo que en principio estaba programado para ser una estancia de cuatro meses, se alargó hasta cumplir casi el año, todo ello debido a la apasionada oratoria que Wilde vertía en sus charlas.

Vuelve a Londres donde el amor parece darle otra oportunidad, conoce a Constance Lloyd y los sentimientos vuelven a agolparse en su corazón. Parece ser que esta vez la fortuna está de su lado, pues le pide matrimonio y ella acepta; la pareja contrae matrimonio un 29 de mayo de 1884 en Paddington.

La vida de la pareja transcurre sin mayores altercados; Wilde comienza a ser una personalidad reconocida por la sociedad, la familia aumenta con la llegada de dos hijos: Cyril y Vyvyan, en fin, lo que se podría considerar una familia “normal”.

Pero Oscar no era hombre de estereotipos, sus creencias y convicciones estaban por encima de las establecidas por la sociedad. Wilde influenciado por los escritores John Ruskin y Walter Pater defendía la importancia central del arte en la vida. Esta reflexión la plasmó en uno de sus libros más conocidos El retrato de Dorian Gray, publicado en 1890. Gracias a este movimiento estético Oscar comenzó a ser tildado de ridículo, pero su insuperable ingenio y sus paradojas ya comenzaban a ser citadas por todos los círculos sociales.

Esto hizo que su popularidad como dramaturgo se acrecentara, y Wilde comenzara una prolífica carrera como escritor. En 1891 escribe Salomé, obra de teatro cuya representación fue prohibida porque en el libreto aparecían personajes bíblicos. Esto no amedrentó al dramaturgo y continúo escribiendo, esta vez “comedias divertidas para gente sería”, (su ingenio y acidez no tenía fin).

Su clímax como escritor llegó con la representación de La importancia de llamarse Ernesto, el hombre reconocido y padre de familia saboreaba las mieles del éxito. Pero ya sabemos que los triunfos de unos son las envidias de otros, y Oscar cometió el “error” de amar. Era feliz con su esposa, pero también se enamoró de su amigo Alfred Douglas, su relación era discreta (recordemos que estamos a finales del siglo XIX) pero el marqués de Queenberry, y padre de Douglas, comenzó una campaña de difamación en periódicos y revistas acusando de homosexual a Wilde.

Wilde intentó defenderse ante aquella difamación; lamentablemente las pruebas presentadas durante el juicio y la oprimida sociedad londinense de la época, opinaban lo contrario. Así pues, el 27 de mayo de 1895 fue condenado a dos años de prisión y trabajos forzados. Hubo un movimiento más progresista y desde varios importantes círculos europeos que solicitaron clemencia e intercedieron por Wilde. De nada valió, querían ejemplarizar el comportamiento del escritor y se vio obligado a cumplir por entera la pena estipulada.

Esto hizo que Constance le abandonara, para desvincularse por completo del padre de sus hijos se instala en Holland, cambia de apellidos, y le obliga a renunciar a la patria potestad de sus hijos. En cambio, nunca se divorcia de él y si que coge de buen grado el dinero que Wilde le hace llegar periódicamente.

Oscar fue enviado a los penales de Wandsworth y Reading; abatido por perder de un plumazo todo lo que había conseguido, se refugia en su pasión: la escritura. Aquí redacta Balada de la cárcel de Reading, obra que posteriormente fue muy aclamada.

Finalizada su pena carcelaria y completamente desengañado por la sociedad inglesa, Oscar se marcha a Francia, donde se vuelve a reunir con su amado Douglas. La pareja intenta salir adelante a pesar de la desaprobación de ambas familias. Se marchan a Nápoles donde viven unos meses, pero, las presiones de cortarles los fondos por parte de las familias, hace que se vean presionados a separarse.

Douglas vuelve con su familia, en cambio Wilde, hastiado de todo, se marcha a París, donde vive bajo el nombre falso de Sebastián Melmoth. La fragilidad económica a la que estaba sometido, sus incipientes problemas de salud, y su afición a la bebida hace que quizás en un último intento de salvación se convierta al catolicismo. No le salvó, y falleció un 30 de noviembre de 1900 en la indigencia.

En un primer momento fue enterrado en el cementerio de Bagneux el 3 de Diciembre de 1900. A su funeral, celebrado en la iglesia de Saint-Germain-Des-Pres, asistieron 56 personas, entre ellas “cinco damas de luto”. De estas, sólo fueron identificadas cuatro: Anna de Bremont, poeta y cantante, y su criada; Madame Stuart Merrill, esposa del poeta que encabezó la liberación del poeta cuando estuvo en la cárcel, y una antigua criada de su esposa.

En la parte superior del ataúd se colocó una corona de laurel con la inscripción “Un tributo a sus logros literarios y distinción” en nombre de todos aquellos que estuvieron con él después de su encarcelamiento.

Sus restos fueron trasladados hasta el cementerio de Père Lachaise en 1909; allí descansa en una preciosa tumba sobre la que se esculpió una figura alada parecida a la que describe en su poema La Esfinge. Este monstruo de la literatura, es tan adorado por sus seguidores que durante años han ido cuajando de besos su panteón. Tantas señales de amor hacían peligrar el estado de la tumba y las autoridades competentes la rodearon con un muro transparente para que los que no son tan cariñosos puedan rendir homenaje a Wilde sin un toque de barra de labios.

(Gracias a Fer por las fotos :))

 

 

Clara Redondo