La primera vez que vi a Maravilla en su lugar de descanso, el cementerio civil de Madrid, me contaron su historia. Maravilla había precipitado la inauguración de la Necrópolis del Este, programada para el día 13 de septiembre de 1884, porque se había suicidado unos días antes y, al ser eso un pecado tremendo, no podía ser enterrada en la zona que iba a ser bendecida, por lo que se adelantó su inauguración enterrándola a ella primero en la zona civil, aunque a esta inauguración había asistido el rey Alfonso XII de incógnito, y luego ya se montó toda la parafernalia de la bendición oficial el día 13.
Qué interesante todo. Busqué por Internet y encontré la misma información sobre Maravilla, la muchacha suicida que inauguró el cementerio civil de Madrid, y ahí se quedó el tema.
Por designios de la vida, un par de años más tarde, comencé a hacer visitas guiadas por este cementerio y, por supuesto, la de Maravilla era una de las tumbas a visitar. Y sí, pequé y conté que se había suicidado; es más, le añadí cábalas de cosecha propia en la que Alfonso XII, que según contaba la leyenda había asistido al entierro de incógnito, siendo quien era, Alfonso XII y Borbón, a su vez era su amante, porque para qué va a ir si no al entierro con la de cosas de rey que tendría que hacer. Y como todo el mundo había visto las películas de Vicente Parra, a nadie le parecía descabellada mi teoría, siendo además el siglo XIX, época en la que si no te mataba la tuberculosis lo hacías tú mismo, según nos habían contado en el Romanticismo. Todo encajaba.
Pero en realidad esta historia me hacía aguas por todos lados. En mi cabeza era imposible que Maravilla se hubiese suicidado, la señorita Leal era una madrileña feliz a sus 20 años y no tenía ningún motivo para quitarse la vida. Maravilla había fallecido por otra causa. Estoy convencida de que fue ella quien me metió la idea en la cabeza, llámenme loca.
Y decidí tirar del hilo, vía hemeroteca, a ver qué me encontraba. No fue rápido, tardé meses en dar con la clave correcta de búsqueda, pero a la vez fui aprendiendo nuevas cosas sobre los periódicos de la época, como por ejemplo que a las mujeres no se nos trataba de señoritas hasta que cumplíamos los 21 años (éramos niñas hasta los 20) y que las noticias sobre suicidios estaban a la orden del día, no se ocultaba esta manera de morir. De hecho se describían en exceso.