Cementerio de Pére Lachaise, París

 

 

 

Hasta el siglo XIX, era normal enterrar a la gente en el patio de las iglesias como ya sabemos. Cuando las ciudades europeas crecieron gracias al desarrollo industrial, estos patios de las iglesias estaban ya saturados y empezaron a apiñarlos. Esto hizo que las corrientes de agua se contaminaran y las epidemias de cólera arrasaron las ciudades.

Napoleón Bonaparte fue uno de los primeros líderes occidentales en tratar este problema. Durante el siglo XVIII en París este problema fue más o menos resuelto depositando los huesos en catacumbas, pero estas llegaron a amenazar la estabilidad de la ciudad construida encima, por lo que se necesitaron nuevas soluciones.

Entonces Napoleón ordenó por decreto la construcción de cementerios alrededor de la ciudad pero que tuviesen un diseño ajardinado. Así fue como en 1804, pocos días después de su proclamación como emperador se inauguró el Cementerio de Pére Lachaise.

El nombre del cementerio es un homenaje a François d’Aix de La Chaise, conocido como el Père la Chaise, que fue confesor del rey Luis XIV. La primera persona allí inhumada fue una niña de cinco años. Al cementerio le costó arrancar ya que los parisinos no querían ser enterrados a las afueras de París. Fue gracias a que la emperatriz Josefina trasladó los restos de los amantes del siglo XII Abelardo y Eloísa, cuando la élite empezó a interesarse por el cementerio.

Pére Lachaise es como una ciudad en miniatura, con sus cerca de 70 mil monumentos, más de 5 mil árboles y cerca del millón de personas enterradas en él. Es un cementerio con bastantes cuestas y extensión, puedes estar un día entero en él de apertura a cierre y dudo que se consiga ver entero, sobre todo por la cantidad de esculturas, ya pertenezcan a personajes famosos o no, que hay por todas partes.

En cada una de las entradas del cementerio de Pere Lachaise hay un mapa que indica donde está cada sepultura de los personajes ilustres: recomiendo hacer una foto e irse guiando por él ya que si no es imposible (y aún así costoso) encontrar ciertas tumbas. Es uno de los cementerios más famosos del mundo, por lo que también encontraréis más cantidad de gente de la que os habéis encontrado hasta ahora en cualquier cementerio que hayáis visitado. En cierto modo también viene bien para fijarse que donde haya aglomeración, es que hay “alguien”. Aunque realmente lo que recomiendo es un largo, larguísimo paseo sin pretensiones e irse encontrando las pequeñas a veces, y majestuosas otras tantas maravillas que lo pueblan. Aunque reconozco que yo misma fui buscando un mausoleo en especial, de nadie famoso pero que sale en una portada de un disco que me encanta desde mi adolescencia (el disco y la portada) y cuando llegué vi que iba a estar difícil encontrarla ante la gran cantidad de monumentos, y dos horas más tarde, cuando la desazón empezaba a hacerme algo de mella, levanté la vista y de repente la vi, delante de mi. Fue un momento tan emocionante que no podía dejar de sonreír mientras intentaba acceder a ella, que el camino no era fácil. Estuve más de cinco minutos mirándola hasta que pude hacer la primera foto. La sonrisa me duró el resto del día.

Si tus pretensiones sin embargo son menos especialitas que las mías en tu paseo por el Cementerio de Pere Lachaise, entonces te puedes encontrar con diferentes personajes de la historia como Delacroix o Chopin, o a Balzac y Maria Callas, a Proust, Moliére o Pissarro … Y cómo no, a Edith Piaf, Oscar Wilde y Jim Morrison. (Estas dos últimas protegidas por la afluencia de fans u homenajeadores que no saben presentar sus respetos únicamente y que poco a poco las han ido deteriorando).

Tampoco debéis perderos el columbario y los nichos, con una majestuosidad y belleza como no podría ser de otra manera en este cementerio.

Si las fotos que acompañan este post no os son suficientes, en su web www.pere-lachaise.com podéis hacer un recorrido virtual por el cementerio.

Paloma Contreras